Bernat Gutiérrez | En la frontera líquida

Reflexiones Percepciones: Veinte segundos
26 / 03 / 2014

Veinte segundos... El tiempo de obturación justo. Ni más ni menos. Diafragma cinco con seis. Es de noche. El fotómetro no se equivoca nunca. Esa es su función: convertir la luz en dos datos matemáticos exactos: velocidad y apertura. La cámara completamente inmóvil, fija sobre el trípode. Cualquier movimiento durante el tiempo de exposición tendría consecuencias catastróficas: la distorsión total del Hábitat. Veinte segundos y el fotógrafo habrá vencido al tiempo. Un intervalo temporal que nunca más será pasado, convertido, por un ojo mecánico, en una escena inmortal.

El resultado será una imagen plana, sin volumen, bidimensional. Aparentemente insignificante. Un paisaje nocturno positivado sobre papel fotográfico. Esta será, sin duda, la lectura simplista de un iconoclasta incapaz de ver más allá de un palmo de su nariz.

Pero más allá de ese palmo de nariz hay todo un mundo "congelado". Tan sólo es visible para aquellos que son capaces de atravesar la frágil frontera entre la realidad y el imaginario que representa ese papel emulsionado. Aventurarse en cada rincón de la imagen les permitirá llegar a espacios recónditos y descubrir sus habitantes, atrapados en ese intervalo de "realidad" de veinte segundos arrancados al tiempo. Un hombre con gabardina oculto entre las sombras. Una silueta a contraluz en el recuadro de una ventana. Una figura abstracta en movimiento que cruza la horizontal del plano. El haz de luz de un automóvil que fuga hacia el centro de la imagen, como si su conductor quisiera evitar ser atrapado en la escena...

Todo eso y más, desde la frontera del papel hasta dónde la percepción del observador llegue.

Una vez leí en algún sitio: «Si no eres capaz de volar en el mundo real, nunca podrás poner un pie en el cielo...».

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