Bernat Gutiérrez | En la frontera líquida

A propósito de "La Luz Interior"
23 / 10 / 2014

Cap

Yo debo de soñar cosas muy raras porque cuando le cuento a alguien algunos de los sueños que he tenido, siempre me encuentro con un «es que tú eres muy raro». Es verdad que me resulta difícil encajar todas las piezas ya que, a medida que uno va cayendo de nuevo en el mundo real, las escenas de lo que has soñado empiezan a diluirse como un azucarillo en el café, y al final lo que te queda es un “algo” inconexo del que es complicado sacar un hilo argumental coherente. Aun así, a mi me fascina esa capacidad mental de estar dónde se supone que nunca has estado y vivir lo que se supone es imposible que hayas vivido. De hecho, no puedo dejar de pensar que quizás este supuesto mundo real no sea más que nuestra Matrix, y la verdadera realidad está en esas ensoñaciones que nuestra “programación” intenta borrar de nuestro disco duro cada vez que despertamos, para que no nos empeñemos en ser libres. Porque ¡vamos!, a mi ese mundo interior me resulta mucho más estimulante que la gran parte de la realidad que me rodea.

También tengo la sensación de que algunas de las cosas que me pasaban de pequeño debían de ser también muy raras, porque de nuevo, cuando se las he contado a alguien me he encontrado con otro «es que tú eres muy raro». Menos mal que soy culo inquieto y que reviento si no consigo averiguar los porqués de las cosas. Por eso, con el tiempo averigüé que yo de pequeño sufría lo que se llama parálisis del sueño, quizás derivada de la medicación que me tomaba para combatir el asma, o quizás fueran los primeros indicios de una mente compleja. El caso es que, durante un largo período de mi infancia, cada noche, al poco de acostarme, tenía la sensación de que me dormía "despierto". De repente, durante esos momentos, consciente todavía de que continuaba con los ojos abiertos, mis oídos se ensordecían como si se hubiera producido una cambio de presión en mi habitación, mi cuerpo se quedaba paralizado a pesar de mis esfuerzos por moverme y mi garganta era incapaz de emitir sonido alguno. Era como si, súbitamente, hubiera dado un salto a otra dimensión, con el mismo escenario, en el que mi cuerpo se convertía en un lastre inútil y lo único que podía hacer era dejarme llevar por lo que parecían percibir mis sentidos.

Y entonces venía lo peor. "La presencia".

No estaba solo en mi habitación. Allí había algo que, tal cuál una película de terror, notaba que se acercaba siempre por un ángulo de la estancia al que no podía acceder, ya que la parálisis me impedía girar la cabeza. Y al momento, aquella "presencia" empezaba a materializarse ante mi. La podía ver, oír, e incluso juraría que oler. Aquella presencia se convertía en una escena -¿soñada?- que transcurría en mi propia habitación y en la que yo simplemente era un espectador, en plano subjetivo, sin ninguna capacidad para interactuar con lo que estaba pasando más allá del campo de visión con mis pies enfrente, inmóviles, tumbados sobre la cama.

Aquellos estados nocturnos fueron espaciándose en el tiempo hasta desaparecer por completo, aunque recuerdo haber revivido alguna experiencia parecida no hace muchos años. Ahora nada.

Como podréis comprobar, bastante de esto que os he contado hay tras la nueva colección fotográfica que os presento, La Luz Interior, aunque sea como punto de partida, ya que tampoco me apetecía que el resultado quedara vinculado a la sensación de angustia que os he descrito.

La realidad no me interesa. No me ha interesado nunca y creo que eso es bastante evidente a lo largo de mi trayectoria personal como fotógrafo. Antes utilizaba la técnica (a falta de la tecnología) para transformarla. Ahora la tecnología me permite inventarla, o mejor dicho, reproducir esa otra realidad que solo uno puede percibir cuando atraviesa la barrera entre el sueño y la vigilia y cualquier cosa puede ser posible, aunque uno no pueda controlar lo que allí sucede.

También hay en La Luz Interior la consecuencia de una educación audiovisual directamente vinculada al Cine y que tuvo su punto de partida (soy de la generación de la Coca-Cola) en el momento en que mis padres compraron, a mediados de los 80, el primer reproductor de vídeo VHS. Mi madre, gran aficionada al cine fantástico y de terror, liquidó en pocos meses todas las estanterías de los cuatro o cinco videoclubes que habían en mi pueblo y, gracias a ella, nos empapamos todos de cine en casa. Yo siempre he dicho que Blade Runner fue la película que me convirtió en cinéfilo, pero la primera vez que tuve mención de ella fue al ver su carátula entre unas cuantas más después de una visita al videoclub con mi madre.

De aquella época me vienen a la cabeza algunos flashbacks en forma de escenas de películas que han perdurado en mi retina, seguramente por el impacto que en su momento podían representar para un niño de unos 10 años, más que por la calidad de las mismas. Y uno de esos primeros impactos visuales los “sufría” cuando los efectos especiales se centraban en mostrar una luz que, o bien surgía del cuerpo de un personaje o bien lo atravesaban, como por ejemplo ocurría en el clímax de la escena final de Indiana Jones en busca del Arca Perdida, pero sobretodo en dos películas de serie B que vi con mi madre, y que poca gente recuerda, como fueron Lifeforce (Tobe Hopper 1985) y una desconocidísima película de Michael Mann, con banda sonora de Tangerine Dream, titulada The Keep (El Torreón) (1983). En estas dos últimas había un efecto visual común que he trasladado al imaginario de La Luz Interior, la de recrear la fuerza vital que surge o se extingue representada con una luz intensa que emana de los ojos o la boca y que aniquila o da poder a quien la contempla… 

Y con esto creo que ya me he ganado con creces lo de “rarito”. Pero así funciona mi cabeza y de estas carambolas mentales surgen la propuestas creativas que me estimulan y me divierten (es a lo poco a lo que aspiro ahora).

Y podría hablar de muchos más condicionantes tras las imágenes, como por ejemplo el porqué de la simetría en el contenido del encuadre, o el de una máscara sin orificios, o de la austeridad de su escenografía, o incluso del erotismo que se percibe en la acción de la secuencia. Pero creo que eso ya sería poner las cosas demasiado fáciles a quién sea capaz de situarse como protagonista en ese plano subjetivo.

Yo ya he estado ahí.

 

(Os adjunto, también, algunas imágenes del making of).

 

Una música:

 

Posts relacionados:

> Lo que me apetece...
> Making of del proyecto "Milky Way"
> Making of "Cuatro Viudas" y "La Luz Interior"
> The Milky Way: «Descubrí un agujero de gusano en mi nevera...»

¿Compartes?
© Bernat Gutiérrez / Nat 2017 | Aviso legal | Política de Privacidad | Uso de cookies