Bernat Gutiérrez | En la frontera líquida

No todo es cuestión de "máquina"
06 / 11 / 2014

paspartú2014

Los que conocéis mi trabajo personal como fotógrafo, o al menos le habéis dado un vistazo a esta web, sabréis de mi evolución, a lo largo de los años, de una fotografía clásica (blanco y negro, laboratorio en casa) a la que ahora mismo practico (experimento, más bien) en la que hay un importante contenido de post-producción digital.

El porqué y el cómo de dicha evolución, que tiene su punto sin retorno en el proyecto inacabado Percepciones, trataré de explicarlo, en breve, en un post que estoy preparando, que por ahora lleva el título provisional de Reflexiones y flexiones sobre un fondo azul.

Pero bueno, el caso, es que el otro día me dispuse a montar la colección fotográfica La Luz Interior en paspartú para la entrega en un certamen nacional de fotografía, y cuando ya estaba a punto de empezar a hacer las primeras marcas de lápiz en la cartulina Basik-Guarro, después de mucho tiempo sin hacer un montaje de este tipo, tuve una especie de déjà-vu que me transportó a la misma situación, pero con escenarios diferentes, bastantes años atrás, cuando lo digital era cosa exclusiva de unos pocos avanzados, y, en mi caso, todo era cuestión de temple en la mano, ojímetro, y unas cuantas reglas básicas a tener en cuenta en los procesos de producción, desde el disparo en cámara, pasando por el revelado y positivado, y el montaje final.

paspartú 1997

Así que me decidí a recrear el mismo “escenario” (salvando la distancia temporal obvia) en el que me sentía tan a gusto realizando lo mismo, años atrás. Recuerdo que, entonces, me encantaba empezar a montar las fotos justo después de comer, cuando empezaba Diálogos 3 en Radio 3 y de fondo sonaban las músicas de Nightnoise, Madredeus, Wim Mertens, Michael Nyman, Adiemus, Clannad… El mismo material que ahora: las ventanas del paspartú preparadas en la tienda de enmarcación, las cartulinas Basik de 370 g. de la marca Guarro (ahora Canson-Guarro), regla, escuadra, cartabón, lápiz y el imprescindible cúter…

Pero por mucha imaginación que le puse, no era lo mismo. El proceso de montaje si. Eso no ha cambiado. Pero las sensaciones no eran las mismas. El entorno no era el mismo. Yo no soy el mismo… Ni siquiera la luz es la misma (o al menos mi percepción de ella). Las sensaciones se parecían, pero solo en el empeño de volver a sentir la paz con uno mismo y la inocencia del principiante.

Ni siquiera un disco de Nightnoise de aquellos años suena igual hoy en día… Si cierras los ojos, quizás si…, pero eso no es algo muy inteligente cuando manejas un cúter…

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