Proyectos actuales

ballarines

A pesar de una formación clásica como fotógrafo, nunca me he negado a otras técnicas, e incluso en otras disciplinas. De hecho fue en el diseño, más que en la fotografía, dónde pude tener una mejor proyección profesional y fue gracias al diseño que entré de lleno en los procesos de edición digital que me han llevado a mi propio estado actual de las cosas. Es por esto que mi conversión de fotógrafo analógico a fotógrafo digital no ha sido traumática, que no quiere decir que el proceso haya carecido de complejidad. Con la tecnología he mantenido y mantengo una relación de amor-odio, la necesito para crear, trabajar y vivir, pero en el fondo me gustaría no necesitarla y esta postura me ha facilitado el tomarme toda esta parafernalia de lo digital, Internet, el Photoshop, la “reputación en las redes”, etcétera, con mucha prudencia e intentando mantener el ánimo neutro, aunque no siempre sea posible.

Al final, los procedimientos digitales que incorporé a mi labor profesional los he acabado incorporando también a mis proyectos fotográficos personales más recientes, y sería un error por mi parte no reconocer que, a pesar de todo, me divierto con esta evolución plástica. Una evolución que no me resulta tan ilógica en mi trayectoria, teniendo en cuenta lo mucho que me seduce la subjetividad que hay detrás de cualquier acto fotográfico, sea mediante el proceso que sea. Sin subjetividad no hay creatividad.

Ha sido inevitable acabar convirtiéndome en un “algo” multimedia que a día de hoy todavía sigo sin poder definir y que, en paralelo al divertimento, ha propiciado, por contra, una constante necesidad de disponer de un “espacio” en el que pueda sentirme uno y no ciento uno. Una puerta por dónde poder salir de vez en cuando. En el mundo en el que vivo ese espacio es físico, un entrador al mar al que suelo recurrir cuando quiero alejarme del ruido y estar en silencio, o simplemente no estar. En mi mundo interior, de dónde surge el impulso de cada acto fotográfico que realizo, ese “espacio” es el poder mantener intacta la esencia de un fotógrafo, una vez despojado de gran parte del artificio adicional, dejando de crear imágenes a partir de una concepción previa, y simplemente ser un observador cargado con una cámara que captura fragmentos interesados de aquello que ve.

Entre esas dos orillas vivo, creativamente hablando. Por un lado la plasticidad y el juego visual de las imágenes preconcebidas y realizadas mediante tècnicas de producción digital, y por otro el dejarme llevar, de vez en cuando, por lo esencial y alejarme durante un breve lapso de tiempo de la #fotografi@ (lo que tardo entre VER y accionar el obturador) y disfrutar simplemente de la fotografía.

Una música: 

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