Bernat Gutiérrez | En la frontera líquida

The Milky Way: «Descubrí un agujero de gusano en mi nevera...»
03 / 06 / 2014

Divertirme. Es el único pretexto que busco ahora en esta nueva etapa fotográfica. Es lo que tiene liberarte de esa ambición juvenil de aspirar a tener un nombre, como lo tenían (y tienen) los fotógrafos y cineastas que absorbía (y absorbo) como una esponja. Cuando uno se libera de querer dejar huella en este mundo es cuando te dejas llevar y empieza a fluir hacia fuera todo lo que has ido almacenando con el tiempo (que no es poco, o si…), de manera espontánea, sin premeditación. Al fin y al cabo, por mucho a lo que aspiremos, no somos más que una minúscula partícula de polvo de estrellas en un TODO que nos supera en cualquier sentido. Un TODO inmenso que el Hubble pudo captar en las fotografías más esclarecedoras sobre la Condición Humana que uno podrá ver en la vida. Así lo conté en mi blog hace casi 3 años.

«Descubrí un agujero de gusano en mi nevera que me lleva a contemplar desde el espacio exterior la Vía Láctea...» Ese podría ser el punto de partida de The Milky Way, al más puro estilo de la serie fotográfica La Condición Humana de mi fotógrafo fetiche Duane Michals, pero con el imaginario visual propio de alguien que forma parte de la generación de la Coca-Cola y "la chispa de la vida". Una acción cotidiana que se convierte en un salto interestelar sin ir a bordo de un Enterprise o un Halcón Milenario… El personaje de Duane Michals se fundía con una galaxia en medio de una estación de metro. Mi personaje salta al hiperespacio entre optical flares con el simple acto (¿erótico?) de beber leche… Duane y yo somos de 2 generaciones muy distintas, pero creo que compartimos cierto sentido del humor…

michals

En mi cabeza residen Blade Runner y 2001, Una Odisea del Espacio y los fantásticos efectos visuales de Douglas Trumbull (el verdadero padre de los optical flares). Los viajes por el espacio, la "Última Frontera", de Star Trek. La nave del Cosmos de Carl Sagan. Las astrofotografías de Manel Soria (un auténtico especialista en fotografiar el centro de nuestra galaxia desde la Tierra). El Ultra Deep Field del Hubble. El Árbol de la Vida de Terrence Malick. Pero también me veo a mi mismo, de pequeño, descubriendo en el firmamento de la primera noche que pasé en un campamento de verano, aquello que los viejos llamaban El Camino de Santiago, dando por sentado, entonces, que en el año 2000 el ser humano viajaría en naves espaciales entre las estrellas. Todo esto y mucho más agitándose en la coctelera que lleva mi cabeza de serie.

Ya estamos en el año 14 del nuevo milenio, y el ser humano, en general, lo que mejor ha conseguido es simplemente ser más gilipollas. Dentro de 2 meses cumpliré 40 años y lo que si doy ahora por sentado es que, quizás, lo máximo que veré de todo lo que imaginé de pequeño es a alguien pisando Marte, pero no creáis que las tengo todas conmigo. Hemos dejado de ver las estrellas, nuestro origen. Ni siquiera mirando al cielo conseguimos escapar de la nada fruto de la contaminación lumínica de nuestras ciudades (qué manía con ponernos velos en los ojos continuamente). El único agujero negro que conocemos bien es la fuerza centrífuga de nuestros ombligos. Pero el universo (o universos) está ahí y estará cuando pase el insignificante intervalo de tiempo de nuestra existencia, un intervalo no superior al disparo de una cámara fotográfica.

Una música:

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